Hacen falta más abrazos.

Helena, seis años, me mira con sus enormes ojos cansados. No están alegres como otros días. No durmió bien. Le espera un día pesado. Sí, un día pesado, clases en línea, una pandemia a cuesta, una familia sin papá, una mamá dolida, una hermanita que no conoce. Erré, no le espera un día pesado, le espera una vida pesada, con recovecos de felicidad. Se me acerca, apenas alcanza el metro veinte, me mira con sus grandes ojos cansados, ojos que en otras circunstancias son vivaces y juguetones. Levanta los brazos, sé lo que quiere, la levanto en vilo y la estrecho a mi pecho mientras se aferra a mi cuello. No hablamos, puedo sentir su cansancio, es increíble la transparencia de los niños. Apoya su mejilla en mi hombro y recuerdo: "no sueltes un abrazo, no hasta que la otra persona lo haga, nunca sabes que tanto hace falta un abrazo".

Comentarios