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Hoy me sentí feliz.

Hoy me sentí feliz. Los vi a ambos reír y sonreír, en un inocente juego donde se resaltaban mis manías, reían de mis acciones. Hoy me sentí feliz. Ambos reían y sentí paz, porque siempre la felicidad de ambos me genera los más bellos y calmos momentos.  Hoy me sentí feliz, porque mis padres estaban sonriendo. 

Hacen falta más abrazos.

Helena, seis años, me mira con sus enormes ojos cansados. No están alegres como otros días. No durmió bien. Le espera un día pesado. Sí, un día pesado, clases en línea, una pandemia a cuesta, una familia sin papá, una mamá dolida, una hermanita que no conoce. Erré, no le espera un día pesado, le espera una vida pesada, con recovecos de felicidad. Se me acerca, apenas alcanza el metro veinte, me mira con sus grandes ojos cansados, ojos que en otras circunstancias son vivaces y juguetones. Levanta los brazos, sé lo que quiere, la levanto en vilo y la estrecho a mi pecho mientras se aferra a mi cuello. No hablamos, puedo sentir su cansancio, es increíble la transparencia de los niños. Apoya su mejilla en mi hombro y recuerdo: "no sueltes un abrazo, no hasta que la otra persona lo haga, nunca sabes que tanto hace falta un abrazo".

El mejor día.

El mejor día para suicidarse es un lunes por la mañana. El lunes por la mañana todos salen temprano de casa para trabajar, todos están apresurados con sus vidas.  El mejor día para suicidarse es un lunes por la mañana, puedes tranquilamente ir a tu cocina, tomar el cuchillo más filoso y atravesar tu cuello. Sí, tu cuello, porque no queremos fallar ¿verdad?. No, no queremos. Quien querría fallar y aferrarse a esta vida tan desdichada.  El mejor día para suicidarse es un lunes por la mañana. Puedes beber café, incluso. Tu último trajo de café.  El mejor día para suicidarse es un lunes por la mañana. Al día siguiente ya podrán lamentarse. 

Suicidio

Que porqué comencé a ir a terapia... Pues bien, me parecía atractivamente encantador saltar a la calle en medio de los autos circulando. Me imaginaba saltando de algún puente. Y muchas veces recree el entrar a mi baño a las tres de la mañana con un cuchillo en la mano. "Sería tan fácil" me dije, que me dio miedo no fallar. Los pensamientos están allí, siguen allí y me asechan como fiera a su presa.